William Shakespeare
Según
la Encyclopædia Britannica, «Shakespeare es generalmente reconocido como el más
grande de los escritores de todos los tiempos, figura única en la historia de
la literatura. La fama de otros poetas, tales como Homero y Dante Alighieri, o
de novelistas tales como León Tolstoy o Charles Dickens, ha trascendido las barreras
nacionales, pero ninguno de ellos ha llegado a alcanzar la reputación de
Shakespeare, cuyas obras hoy se leen y representan con mayor frecuencia y en
más países que nunca. La profecía de uno de sus grandes contemporáneos, Ben
Jonson, se ha cumplido por tanto: "Shakespeare no pertenece a una sola
época sino a la eternidad"».
El
crítico estadounidense Harold Bloom sitúa a Shakespeare junto a Dante
Alighieri, en la cúspide de su «canon occidental»: «Ningún otro escritor ha
tenido nunca tantos recursos lingüísticos como Shakespeare, tan profusos en
Trabajos de amor perdidos que tenemos la impresión de que, de una vez por
todas, se han alcanzado muchos de los límites del lenguaje. Sin embargo, la
mayor originalidad de Shakespeare reside en la representación de personajes:
Bottom es un melancólico triunfo; Shylock, un problema permanentemente equívoco
para todos nosotros; pero sir John Falstaff es tan original y tan arrollador
que, con él, Shakespeare da un giro de ciento ochenta grados a lo que es crear
a un hombre por medio de palabras».
Jorge
Luis Borges escribió sobre él: «Shakespeare es el menos inglés de los poetas de
Inglaterra. Comparado con Robert Frost (de New England), con William
Wordsworth, con Samuel Johnson, con Chaucer y con los desconocidos que
escribieron, o cantaron, las elegías, es casi un extranjero. Inglaterra es la
patria del understatement, de la reticencia bien educada; la hipérbole, el
exceso y el esplendor son típicos de Shakespeare».
Shakespeare
fue poeta y dramaturgo venerado ya en su tiempo, pero su reputación no alcanzó
las altísimas cotas actuales hasta el siglo xix. Los románticos,
particularmente, aclamaron su genio, y los victorianos adoraban a Shakespeare
con una devoción que George Bernard Shaw denominó «bardolatría».
En
el siglo xx, sus obras fueron adaptadas y redescubiertas en multitud de
ocasiones por todo tipo de movimientos artísticos, intelectuales y de arte
dramático. Las comedias y tragedias shakespearianas han sido traducidas a las
principales lenguas, y constantemente son objeto de estudios y se representan
en diversos contextos culturales y políticos de todo el mundo. Por otra parte,
muchas de las citas y aforismos que salpican sus obras han pasado a formar
parte del uso cotidiano, tanto en inglés como en otros idiomas. Y en lo
personal, con el paso del tiempo, se ha especulado mucho sobre su vida,
cuestionando su sexualidad, su filiación religiosa, e incluso la autoría de sus
obras.
William
Shakespeare probablemente cursó sus primeros estudios en la escuela primaria
local, la Stratford Grammar School, en el centro de su ciudad natal, lo que
debió haberle aportado una educación intensiva en gramática y literatura
latinas. A pesar de que la calidad de las escuelas gramaticales en el período
isabelino era bastante irregular, existen indicios en el sentido de que la de
Stratford era bastante buena. La asistencia de Shakespeare a esta escuela es
mera conjetura, basada en el hecho de que legalmente tenía derecho a educación
gratuita por ser el hijo de un alto cargo del gobierno local. No obstante, no
existe ningún documento que lo acredite, ya que los archivos parroquiales se
han perdido. En esa época estaba dirigida por John Cotton, maestro de amplia
formación humanística y católico; una grammar school (equivalente a un estudio
de gramática del XVI español o al actual bachillerato) impartía enseñanzas
desde los 8 hasta los 15 años y la educación se centraba en el aprendizaje del
latín; en los niveles superiores el uso del inglés estaba prohibido para
fomentar la soltura en la lengua latina; prevalecía el estudio de la obra de
Esopo traducida al latín, de Ovidio y de Virgilio, autores estos que
Shakespeare conocía.
El
28 de noviembre de 1582, cuando tenía dieciocho años de edad, Shakespeare
contrajo matrimonio con Anne Hathaway, de 26, originaria de Temple Grafton,
localidad próxima a Stratford. Dos vecinos de Anne, Fulk Sandalls y John
Richardson, atestiguaron que no existían impedimentos para la ceremonia. Parece
que había prisa en concertar la boda, tal vez porque Anne estaba embarazada de
tres meses. Tras su matrimonio, apenas hay huellas de William Shakespeare en
los registros históricos, hasta que hace su aparición en la escena teatral
londinense. El 26 de mayo de 1583, la hija primogénita de la pareja, Susanna,
fue bautizada en Stratford. Un hijo, Hamnet, y otra hija, Judith, nacidos
mellizos, fueron asimismo bautizados poco después. A juzgar por el testamento
del dramaturgo, que se muestra algo desdeñoso con Anne Hathaway, el matrimonio
no estaba bien avenido.
Los
últimos años de la década de 1580 son conocidos como los 'años perdidos' del
dramaturgo, ya que no hay evidencias que permitan conocer dónde estuvo, o por
qué razón decidió trasladarse de Stratford a Londres. Según una leyenda que
actualmente resulta poco creíble, fue sorprendido cazando ciervos en el parque
de sir Thomas Lucy, el juez local, y se vio obligado a huir. Según otra
hipótesis, pudo haberse unido a la compañía teatral Lord Chamberlain's Men a su
paso por Stratford. Un biógrafo del siglo XVII, John Aubrey, recoge el
testimonio del hijo de uno de los compañeros del escritor, según el cual
Shakespeare habría pasado algún tiempo como maestro rural.
En
1596, con solo once años de edad, murió Hamnet, único hijo varón del escritor,
quien fue enterrado en Stratford el 11 de agosto de ese mismo año. Algunos
críticos han sostenido que la muerte de su hijo pudo haber inspirado a
Shakespeare la composición de Hamlet (hacia 1601), reescritura de una obra más
antigua que, por desgracia, no ha sobrevivido.
Hacia
1598 Shakespeare había trasladado su residencia a la parroquia de St. Helen, en
Bishopsgate. Su nombre encabeza la lista de actores en la obra Cada cual según
su humor (Every Man in His Humour), de Ben Jonson.
Pronto
se convertiría en actor, escritor, y, finalmente, copropietario de la compañía
teatral conocida como Lord Chamberlain's Men, que recibía su nombre, al igual
que otras de la época, de su aristocrático mecenas, el lord chambelán (Lord
Chamberlain). La compañía alcanzaría tal popularidad que, tras la muerte de
Isabel I y la subida al trono de Jacobo I, el nuevo monarca la tomaría bajo su
protección, pasando a denominarse los King's Men (Hombres del rey).
En
1604, Shakespeare hizo de casamentero para la hija de su casero. Documentación
legal de 1612, cuando el caso fue llevado a juicio, muestra que en 1604,
Shakespeare había sido arrendatario de Christopher Mountjoy, un artesano
hugonote del noroeste de Londres. El aprendiz de Mountjoy, Stephen Belott,
tenía intenciones de casarse con la hija de su maestro, por lo que el
dramaturgo fue elegido como intermediario para ayudar a negociar los detalles
de la dote. Gracias a los servicios de Shakespeare, se llevó a efecto el
matrimonio, pero ocho años más tarde Belott demandó a su suegro por no hacer
entrega de la totalidad de la suma acordada en concepto de dote. El escritor
fue convocado a testificar, más no recordaba el monto que había propuesto.
Existen
varios documentos referentes a asuntos legales y transacciones comerciales que
demuestran que en su etapa londinense Shakespeare se enriqueció lo suficiente
como para comprar una propiedad en Blackfriars y convertirse en el propietario
de la segunda casa más grande de Stratford.
Últimos años
Shakespeare
se retiró a su pueblo natal en 1611, pero se vio metido en diversos pleitos,
como por ejemplo un litigio respecto al cercado de tierras comunales que, si
por un lado fomentaba la existencia de pasto para la cría de ovejas, por otro
condenaba a los pobres arrebatándoles su única fuente de subsistencia. Como el
escritor tenía cierto interés económico en tales propiedades, para disgusto de
algunos tomó una posición neutral que solo aseguraba su propio beneficio. En
marzo de 1613 hizo su última adquisición, no en su pueblo, sino en Londres,
comprando por 140 libras una casa con corral cerca del teatro de Blackfriars,
de cuya suma solo pagó en el acto sesenta libras, pues al día siguiente
hipotecó la casa por el resto al vendedor. Por cierto, Shakespeare no inscribió
la compra a su solo nombre, sino que asoció los de William Johnson, John
Jackson y John Hemynge, este último uno de los actores que promovieron la
edición del First folio. El efecto legal de este procedimiento, según escribe
el gran biógrafo de Shakespeare Sidney Lee, «era privar a su mujer, en caso de
que sobreviviera, del derecho de percibir sobre esta propiedad el dote de
viuda»; pero pocos meses después aconteció un desastre: se incendió el Teatro
del Globo, y con él todos los manuscritos del dramaturgo, junto con su comedia
Cardenio, inspirada en un episodio de Don Quijote de La Mancha; se sabe de esta
obra porque el 9 de septiembre de 1653 el editor Humphrey Maseley obtuvo
licencia para la publicación de una obra que describe como Historia de
Cardenio, por Fletcher y Shakespeare; el citado Sidney Lee dice que ningún
drama de este título ha llegado hasta nuestros días y que probablemente haya
que identificarlo con la perdida comedia llamada Cardenno o Cardenna, que fue
representada dos veces ante la Corte por la compañía de Shakespeare, la primera
en febrero de 1613, con ocasión de las fiestas por el matrimonio de la princesa
Isabel, y la segunda en 8 de junio, ante el embajador del Duque de Saboya, esto
es, pocos días antes de incendiarse el teatro de El Globo.
En
las últimas semanas de la vida de Shakespeare, el hombre que iba a casarse con
su hija Judith —un tabernero de nombre Thomas Quiney— fue acusado de
promiscuidad ante el tribunal eclesiástico local. Una mujer llamada Margaret Wheeler
había dado a luz a un niño, y afirmó que Quiney era el padre. Tanto la mujer
como su hijo murieron al poco tiempo. Esto afectó, no obstante, a la reputación
del futuro yerno del escritor, y Shakespeare revisó su testamento para
salvaguardar la herencia de su hija de los problemas legales que Quiney pudiese
tener.
Shakespeare
falleció el 23 de abril de 1616, según el calendario juliano (3 de mayo en el
gregoriano). Estuvo casado con Anne hasta su muerte, y le sobrevivieron dos
hijas, Susannah y Judith. La primera se casó con el doctor John Hall. Sin
embargo, ni los hijos de Susannah ni los de Judith tuvieron descendencia, por
lo que no existe en la actualidad ningún descendiente vivo del escritor. Se
rumoreó, sin embargo, que Shakespeare era el verdadero padre de su ahijado, el
poeta y dramaturgo William Davenant.
Siempre
se ha tendido a asociar la muerte de Shakespeare con la bebida —murió, según
los comentarios más difundidos, como resultado de una fuerte fiebre, producto
de su estado de embriaguez—. Al parecer, el dramaturgo se habría reunido con
Ben Jonson y Michael Drayton para festejar con sus colegas algunas nuevas ideas
literarias. Investigaciones recientes llevadas a cabo por científicos alemanes afirman que es
muy probable que el escritor inglés padeciera de cáncer.
Los
restos de Shakespeare fueron sepultados en el presbiterio de la iglesia de la
Santísima Trinidad (Holy Trinity Church) de Stratford. El honor de ser
enterrado en el presbiterio, cerca del altar mayor de la iglesia, no se debió a
su prestigio como dramaturgo, sino a la compra de un diezmo de la iglesia por
440 libras (una suma considerable en la época). El monumento funerario de
Shakespeare, erigido por su familia sobre la pared cercana a su tumba, lo
muestra en actitud de escribir, y cada año, en la conmemoración de su
nacimiento, se le coloca en la mano una nueva pluma de ave.
Era
costumbre en esa época, cuando había necesidad de espacio para nuevas
sepulturas, vaciar las antiguas, y trasladar sus contenidos a un osario
cercano. Tal vez temiendo que sus restos pudieran ser exhumados, según la
Enciclopedia Británica, el propio Shakespeare habría compuesto el siguiente
epitafio para su lápida:
Buen
amigo, por Jesús, abstente
de
cavar el polvo aquí encerrado.
Bendito
sea el hombre que respete estas piedras,
y
maldito el que remueva mis huesos.
Una
leyenda afirma que las obras inéditas de Shakespeare yacen con él en su tumba.
Nadie se ha atrevido a comprobar la veracidad de la leyenda, tal vez por miedo
a la maldición del citado epitafio.
Se
desconoce cuál entre todos los retratos que existen de Shakespeare es el más
fiel a la imagen del escritor, ya que muchos de ellos son falsos y pintados a
posteriori a partir del grabado del First folio. El llamado Retrato Chandos,
que data de entre 1600 y 1610, en la National Portrait Gallery (en Londres), se
considera el más acertado. En él aparece el autor a los cuarenta años,
aproximadamente, con barba y un aro dorado en la oreja izquierda.
Fuente:
https://es.wikipedia.org/wiki/William_Shakespeare


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