Alejandro Magno
Hijo de Filipo II, rey
de Macedonia (dinastía de los Argéadas), y de Olimpia, hija de Neoptólemo I de
Epiro, según Plutarco, el día de su nacimiento se tuvo noticia en la capital de
tres triunfos: el del general Parmenión frente a los ilirios, la victoria del
sitio a una ciudad portuaria por su padre y la victoria del carro del rey en
competición, que fueron considerados increíbles augurios en aquel tiempo,
aunque quizá
fueran meras invenciones posteriores creadas bajo la aureola de grandeza de
este personaje.
Existen dudas acerca de
la paternidad de Filipo, ya que hay otra versión, completamente legendaria,
sobre la concepción de Alejandro. Plutarco refiere que su madre Olimpia antes
de quedar encinta soñó que un rayo caía sobre su vientre y que Filipo vio en un
sueño que el abdomen de su esposa estaba sellado con el rostro de un león, por
lo cual la acusó de adulterio.
En tanto, Pseudo
Calístenes narra que la vinculación de Alejandro con el dios Amón y la
posterior visita al oráculo está relacionada con su verdadero padre, el faraón
egipcio Nectanebo II, quien huyera a
Grecia al ser invadido su país nuevamente por los persas. Según la leyenda, Nectanebo
II fue recibido en la corte de Filipo como un «mago».
Personificado como el
dios Amón, convenció a Olimpia de engendrar un hijo que pusiera a salvo a las
dos naciones, a lo cual ella accedió. Se mantuvo varios años en la corte, hasta
que murió en una caminata nocturna junto a «su hijo». Alejandro, según Calístenes, supo que su
verdadero padre era Nectanebo II esa misma noche, razón por la que, descreyendo
de él, lo empujó a un pozo y murió.
Esta leyenda se basa en
el hecho de que los sacerdotes egipcios del oráculo de Amón en Siwa, lo
saludaron como hijo de aquel dios, un título que implicaba reconocerlo como
faraón.
Rasgos
físicos
Alejandro Magno tenía el
hábito de inclinar ligeramente la cabeza sobre el hombro derecho,
era físicamente
de hermosa presencia, de baja estatura (1,60 m), cutis blanco, la nariz algo
curva inclinada a la izquierda, cabello semiondulado de color castaño claro, con un estilo
de cabello denominado anastole («dentro del espíritu»). Plutarco y Calístenes
citan que poseía un aroma físico agradable naturalmente, a lo que ellos
llamaban «buen humor». Por descripciones de Plutarco, normalmente antes de dar
batalla, Alejandro lanzaba un dardo hacia el cielo (Zeus) con la mano
izquierda, como también se aprecian en algunas de sus esculturas, se lo ve
portando objetos con el mismo brazo, por lo que sería aceptable afirmar que era
zurdo.
Educación
Su educación fue inicialmente
dirigida por Leónidas, un austero y
estricto maestro macedonio que daba clases a los hijos de la más alta nobleza, que lo
inició
en el ejercicio corporal pero también se encargó de su educación. Lisímaco, un profesor de
letras bastante más
amable, se ganó el cariño de Magno llamándole Aquiles, y a su padre, Peleo.
Sabía
de memoria los poemas homéricos y todas las noches colocaba la Ilíada debajo de su cama.
También
leyó
con avidez a Heródoto
y a Píndaro.
Se cuentan numerosas
anécdotas de su niñez, siendo la más referida aquella que narra Plutarco:
Filipo II había
comprado un gran caballo al que nadie conseguía montar ni domar.
Alejandro, aun siendo un niño, se dio cuenta de que el caballo se
asustaba de su propia sombra y lo montó dirigiendo su vista hacia el Sol. Tras
domar a Bucéfalo, su caballo, su padre le dijo: «Búscate
otro reino, hijo, pues Macedonia no es lo suficientemente grande para ti».
Según coinciden algunos
historiadores antiguos, especialmente Calístenes, quien narra la participación
de Alejandro en su adolescencia de los Juegos Olímpicos (a petición de Filipo),
en la cual obtuvo victorias en competencias de carros.
A los trece años fue
puesto bajo la tutela de Aristóteles,
el filósofo
que más
influyó
en la filosofía
y las ciencias. Durante cinco años sería su maestro, en un
retiro de la ciudad macedonia de Mieza. Aristóteles le daría una
amplia formación intelectual y científica en las ramas que este abordó, como
filosofía, lógica, retórica, metafísica, estética, ética, política, biología, y
otras tantas áreas.
Muy pronto (340 a. C.)
su padre lo asoció a tareas del gobierno nombrándolo regente, a pesar de su
juventud. Recibía personalmente a los
enviados persas, deseosos de que Macedonia pagase los altos tributos exigidos
por Darío.
Les conversaba amablemente, y así obtenía información, acerca de las travesías de rutas tierra-mar,
la preparación del ejército persa, valioso para las acciones que desarrolló en
el futuro. En el 338 a. C. dirigió la caballería macedónica en la batalla de
Queronea, siendo nombrado gobernador de Tracia ese mismo año.
Desde pequeño,
Alejandro demostró las características más destacadas de su personalidad:
activo, enérgico, sensible y ambicioso. Es por eso que, a pesar de tener apenas
dieciséis años, se vio obligado a repeler una insurrección armada. Se afirma
que Aristóteles
le aconsejó
esperar para participar en batallas, pero Alejandro le respondió: «Si espero, perderé la audacia de la juventud».
Exilio.
Un nuevo matrimonio de
su padre, que podría llegar a poner en
peligro su derecho al trono (no conviene olvidar que el mismo Filipo fue
regente de su sobrino Amintas IV —hijo de Pérdicas III, hasta la mayoría de
edad, pero se adueñó del trono), hizo que Alejandro se enemistara con Filipo.
Es famosa la anécdota de cómo, en la celebración de la boda, el nuevo suegro de
Filipo (un poderoso noble macedonio llamado Átalo) rogó porque el matrimonio
diera un heredero legítimo al rey, en alusión a que la madre de Alejandro era
una princesa de Epiro y que la nueva esposa de Filipo, siendo macedonia, daría
a luz a un heredero totalmente macedonio y no mitad macedonio y mitad epirota
como Alejandro, con lo cual sería posible que se relegara a este último de la
sucesión. Alejandro se enfureció y le lanzó una copa, espetándole: «Y yo ¿qué soy? ¿un bastardo?». En ese momento
Filipo se acercó a poner orden, pero debido a su estado de embriaguez, se
tropezó y cayó al suelo, lo que le granjeó una burla de Alejandro: «Quiere cruzar Asia, pero ni siquiera es capaz de pasar
de un lecho a otro sin caerse.» La historia le valió la ira de su padre,
por lo que Alejandro tuvo que exiliarse a Epiro junto con su madre, Olimpia.
Para evitar un complot, Filipo también ordenó el exilio de todos sus amigos,
siendo Erigio uno de los más cercanos. Más tarde, Filipo terminaría por perdonarle.
Ascenso
al poder
Filipo muere asesinado
en el año 336 a. C. a manos de Pausanias, un capitán de su guardia, como
resultado de una conspiración que es generalmente atribuida a Olimpia.
Después
de este hecho, Alejandro hizo matar a parte de la familia de Cleopatra, su madrastra.
Así,
se aseguró
que no quedara vivo ningún
heredero que pudiese reclamar el trono y tomó las riendas de
Macedonia a la edad de veinte años.
Tras suceder a su padre,
Alejandro se encontró con que debía gobernar un país radicalmente distinto de
aquel que heredó Filipo II veintitrés años antes, ya que Macedonia había pasado
de ser un reino fronterizo, pobre y desdeñado por los griegos, a un territorio
que tras el reinado de Filipo se consideraba como parte de la Hélade y un
poderoso Estado militar de fronteras consolidadas con un ejército experimentado
que dominaba indirectamente a Grecia a través de la Liga de Corinto. En un discurso,
puesto en boca de Alejandro por el filósofo e historiador griego Flavio
Arriano, se describía la transformación del pueblo macedonio en los siguientes
términos:
Filipo os encontró como
vagabundos y pobres, la mayoría de vosotros llevaba por vestidos pieles de
ovejas, erais pastores de parvos ganados en las montañas y solo podíais oponer
escasas fuerzas para defenderos de los ilirios, los tribalios y los tracios en
vuestras fronteras. Él os dio capas en lugar de pieles de oveja y os trajo
desde las cimas de las montañas a las llanuras, él hizo que presentarais
batalla a los bárbaros que eran vecinos vuestros, de tal modo que ahora
confiáis en vuestro propio coraje y no en las fortificaciones. Él os convirtió
en moradores de ciudades y os civilizó merced al don de leyes excelentes y
buenas costumbres. (Alejandro Magno)
La muerte del gran
Filipo supuso que algunas polis griegas sometidas por él se alzasen en armas
contra Alejandro ante la aparente debilidad de la monarquía macedonia.
Alejandro debía resolver dos puntos importantes: mantener el control de las
ciudades y reclutar mercenarios de las polis para su campaña contra Persia.
En la primavera del 335
a. C. lanza una exitosa campaña al norte, Iliria (hoy Albania y Macedonia del
Norte) y Tracia (hasta las inmediaciones del río Danubio, hoy Rumania), donde
es avisado que Tebas se había sublevado, tomando una guarnición macedonia.
Alejandro, con una
reacción relámpago, demostró rápidamente su destreza estratégica y militar:
viajó casi seiscientos kilómetros hasta Tesalia para reafirmar el dominio en la
región (ya había
sido conquistada por Filipo), y emprendió el camino hacia el Ática, reprimiendo la
sublevación
de Tebas, que opuso una feroz
resistencia, reduciendo la ciudad a escombros, a excepción de la casa que había
pertenecido a Píndaro. Después de ajusticiar a los sublevados, entrevistó a una
parte de la población, ordenando más tarde la reconstrucción de la ciudad. Uno
de los perjudicados era un deportista tebano de los Juegos Olímpicos, a quien
Alejandro felicitó durante el desarrollo de estos, y otro relato cuenta que,
Timoclea, hermana del general tebano Teágenes, quien mató a un general tracio
durante la contienda, fue liberada después de haber hecho una «defensa sincera».
Camino al sur del Ática,
visitó el gran oráculo de Delfos, donde un general ateniense había depuesto a
la pitonisa del templo, y que luego Alejandro restableció a la misma en su
puesto. Allí tuvo en dos ocasiones
sus oráculos.
La primera visita fue bastante errática, teniendo los sacerdotes que irrumpir
en varias ocasiones. «Alejandro, no puedes entrar con espadas aquí. Y tampoco
puedes llevarte las cosas».
En la segunda, fue a pedir el oráculo, pero en la residencia la pitia
(sacerdotisa), que forcejeando le dijo «hijo mío, eres invencible».
Su paso por Atenas fue
por demás totalmente atípico. Los atenienses cerraron sus puertas, no por
sublevación, sino por temor por lo ocurrido en Tebas. Alejandro, que sentía un
gran respeto por los filósofos, el arte y la cultura de la ciudad, envió entonces
una primera carta (era su estilo), a lo que respondieron: «estamos debatiendo
si presentarte batalla o dejarte entrar». Por lo que, Alejandro, a través de otra carta propuso
dejar a su ejército
fuera y entrar solo. Dejó
que solamente lo acompañaran
algunos de sus amigos, los hetaroi. Una vez allí, Atenas reconoció su
supremacía por el gesto, nombrándolo de esta manera
hegemón,
título que ya había ostentado su padre y
que lo situaba como gobernante de toda Grecia,
consolidando así
la hegemonía
macedónica, tras lo cual Alejandro se dispuso a cumplir su siguiente proyecto:
conquistar el Imperio persa.
Una conocida historia
fue, de visita en Corinto durante los Juegos Ístmicos, se encontró con el
filósofo Diógenes de Sinope, que se encontraba sentado en un gran barril
reflexionando, preguntándole «Diógenes, dime qué
puedo hacer por ti». A lo que este le respondió con una ironía: «sí, apártate de ahí, que me tapas el sol». La
elocuente respuesta le valió las bromas de sus «compañeros» allí presentes.
Asombrado por la elocuencia, Alejandro exclamó «¡Si
no fuera yo Alejandro, me gustaría ser Diógenes!». Esto trascendió en
los manuscritos de los filósofos y sofistas de toda Grecia. En otra ocasión,
encontró a Diógenes revolviendo basura, al preguntarle qué era lo que estaba
buscando, Diógenes respondió «estoy buscando huesos
de esclavos, pero no hallo la diferencia entre estos y los de tu padre».
Era claro que Diógenes despreciaba a Alejandro, quien nunca tomó represalia
alguna.
Captura
de la familia real y boda con Barsine
La familia entera de
Darío III fue capturada en el interior de una lujosa tienda, haciendo
prisioneras a su madre Sisigambis, su esposa Estatira, y sus dos hijas,
Dripetis y Barsine. Alejandro trató a todas con gran cortesía y les manifestó
que no tenía ninguna cuestión personal contra Darío, sino que luchaba contra él
para conquistar Asia. Les brindó trato real, y abundó en dotes para sus
hijas. Al tiempo le propondría matrimonio a una de sus hijas, Barsine,
pidiendo antes la mano a su madre. Mientras que su amigo personal y comandante
Hefestión, se casó con Dripetis. Se realizó una boda en conjunto. El propósito
(además de político) era eliminar diferencias entre vencedores y vencidos,
mostrarse ante los persas como un referente, y lograr la mezcla de etnias,
siendo él mismo parte de la propuesta. El rey Darío tomó conciencia de la
amenaza y envió propuestas de negociación, que fueron todas rechazadas. Por lo
que puede apreciarse en lo escrito por Calístenes, las respuestas de Alejandro
eran irónicas.
Egipto
Aparentemente,
Calístenes es de los pocos que se detienen en como fue el ingreso a Egipto.
Este reino estaba controlado por los persas desde el año 343 a. C.. El escrito
menciona que primero hubo una exhortación de Alejandro a la pequeña guarnición
persa que controlaba el reino de Egipto, «¡Abrid si no queréis desencadenar la
furia de Ares!»
Alejandro fue bien
recibido por los egipcios, quienes le apoyaron en su lucha contra los persas,
cuyos reyes habían dominado Egipto en dos ocasiones: de 523 a 404 a. C.
(Dinastía XXVII) y de 343 a 332 a. C. (Dinastía XXXI), hasta la entrada del
macedonio.
Recibido como salvador y
libertador, e hijo de Amón (por la creencia de que su padre biológico fue el
rey egipcio Nectanebo, representante de esta deidad), por decisión popular se
concedió a Alejandro la corona de los dos reinos, siendo nombrado faraón en
noviembre de 332 a. C. en Menfis.
Fundación
de Alejandría
En enero de 331 a. C.
Alejandro Magno fundó la ciudad de Alejandría en una zona costera muy fértil al
oeste del delta del Nilo. Los motivos de la fundación eran tanto económicos (la
apertura de una ruta comercial en el mar Egeo) como culturales (la creación de
una ciudad al estilo griego en Egipto, cuya planificación se dejó en manos del
arquitecto Dinócrates). La escritora inglesa Mary Renault, en su biografía de
Alejandro, comenta:
De Menfis bajó por el
río hasta la costa, donde tenía que tratar unos asuntos referentes a sus
conquistas en Asia Menor. Navegó por el Delta y varó en las proximidades del
lago Mareotis. Le pareció un sitio ideal para establecer una ciudad: buen
fondeadero, buenas tierras, buen aire, buen acceso al Nilo. Estaba tan decidido
a emprender las obras que deambuló por el emplazamiento, arrastrando tras de sí
a arquitectos e ingenieros y señalando las situaciones de la plaza del mercado,
de los templos de los dioses griegos y egipcios, de la vía real. Un hombre
listo se percató de que Alejandro no tenía tiza para marcar y le ofreció
harina, que el macedonio aceptó. Los pájaros se alimentaron de ella, por lo
cual los adivinos previeron que la ciudad prosperaría y daría de comer a muchos
forasteros, predicción que Alejandría sigue cumpliendo.
Renault (2013, p. 77)
Travesía al
oráculo de Siwa
Posteriormente, tras un dificultoso viaje por el desierto, llegó al
oasis de Siwa, situado en pleno Sahara. Este oráculo correspondía al dios Amón. El
profeta, queriendo saludarle en idioma griego le dijo «hijo mío», equivocándose
en una letra; y que a Alejandro le agradó este error, por dar motivo a que
pareciera le había llamado hijo de Zeus Le anunció que le saludaba tanto de parte del
dios como de su padre. Alejandro
preguntó si había quedado sin castigo alguno de los asesinos de Filipo, y si se
le concedería dominar a todos los hombres. Habiéndole dado el dios favorable
respuesta y asegurándole que Filipo estaba vengado, Alejandro le hizo
magníficas ofrendas, y entregó ricos presentes a los hombres allí destinados.
También se dice que Alejandro, en una carta enviada a su madre, le comunicó
haberle sido hechos ciertos vaticinios arcanos, que solo a ella revelaría
La cultura del antiguo Egipto impresionó a Alejandro
desde los primeros días de su estancia en este país. Los egipcios nos han
dejado testimonio, grabado en piedra, de estos hechos y apetencias. En Karnak existe
un bajorrelieve donde se representa a Alejandro
haciendo ofrendas al dios Amón en calidad de converso. En él,
viste la indumentaria de faraón:
·
Nemes (el
paño que cubre la cabeza y va por detrás de las orejas, clásico del antiguo
Egipto), o la Corona Doble,
roja y blanca.
·
Cola litúrgica de chacal, que con
el tiempo se transformó en «cola de toro».
·
Ofrenda en cuatro vasos, como símbolo
que indica «cantidad», «repetición», «abundancia» y «multiplicación».
En los jeroglíficos del muro se distinguen
además los títulos de Alejandro-faraón que se representan dentro de
un serej y un cartucho egipcio.
Persia
Al cabo de un año de estadía en Egipto, y controlando la situación de
rebeldía en Anatolia y el Egeo, en la primavera del 331 a. C.,
desde Tiro y Egipto, organizó los territorios conquistados y su ejército, para iniciar la marcha hacia la conquista de Persia
Batalla de Gaugamela
El rey persa Darío, con un ejército más numeroso, decidió hacerle frente
en Gaugamela a orillas del Tigris. Esta batalla hoy en día sigue siendo
analizada por expertos militares, intentando explicarse como un ejército tan
inferior en número, derrota a uno por lo menos cinco veces más grande. La
estrategia usada por el macedonio fue una tenaza, donde el yunque era la
infantería, y el martillo la caballería (los hetairoi. sus compañeros), Darío
apenas logró salvar su vida, y huyó -nuevamente- apabullado por el genio
militar del macedonio.
Ocupación de Babilonia
Esta derrota del ejército persa fue significativa en bajas, y representó
prácticamente la caída del imperio aqueménida. Así Alejandro con su ejército
logró entrar en Babilonia quedando a las puertas del propio territorio persa.
En el año 331 a. C., el ejército macedonio invadió Persia entrando
fácilmente a Susa, la vieja capital de Darío I, mientras que el derrotado Darío
III huía hacia el interior del territorio persa en busca de fuerzas leales para
enfrentar nuevamente a Alejandro.
Alejandro procedió cuidadosamente ocupando las ciudades, apoderándose de
los caudales persas y asegurando las líneas de abastecimiento. Desde Susa pasó
a Persépolis, capital ceremonial del Imperio aqueménida, donde quemó el palacio
de la ciudad durante una fiesta, aunque otras fuentes señalan que esto no fue
así.
Persecución del rey Darío
Se dirigieron hacia Ecbatana para perseguir a Darío. Lo encontraron
asesinado por sus nobles, que ahora obedecían a Bessos. Alejandro honró a su
otrora rival y enemigo, cubriéndolo con el manto púrpura que Darío abandonó en la batalla de Isos, y
que Alejandro recogió. Le rindió un funeral real y prometió a la familia de
este perseguir a sus asesinos.
Bessos escapó a la zona lindera del Hindú Kush (hoy Afganistán), en las
inmediaciones de Sogdiana (al este de Asia), acompañado por una resistencia formada
por nobles y arqueros a caballo, autoproclamándose rey de Persia, cosa que
Alejandro no toleraba, motivo también por el cual lo perseguiría.
Promoción de mezcla de culturas
Los extranjeros que vivían en Persia se sintieron identificados con
Alejandro y se comprometieron con él para venerarle como nuevo gobernante. En
su idea de conquista también estaba la de querer globalizar su Imperio
mezclando distintas razas y culturas. Los sátrapas persas en su mayoría
conservaron sus puestos, aunque supervisados por un oficial macedonio que
controlaba las fuerzas armadas.
Plutarco recalca «al ver Alejandro a las demás cautivas, que todas eran
aventajadas en hermosura y gallardía, dijo por chiste: “¡Gran dolor de ojos son
estas persas!” Con todo, oponiendo a la belleza de estas mujeres la honestidad
de su moderación y continencia»
En su intento de mezclar la cultura persa y la griega se celebraron
bodas masivas entre griegos y muchachas persas, y entrenó a un regimiento de
soldados persas para combatir a la manera macedonia. La mayoría de los
historiadores coinciden en que Alejandro adoptó el título real persa de
Shahanshah (Rey de Reyes).
Muerte de Clito
Clito, apodado «el Negro», era uno de los generales del ejército, al
cual Alejandro tenía gran afecto y había nombrado sátrapa de Bactriana. Durante
un banquete, Clito, irritado por la costumbre persa de la proskynesis, y al
escuchar que Alejandro se proclamaba mejor que su padre Filipo, le respondió:
«Toda la gloria que posees es gracias a tu padre», agregando: «Sin mí, hubieras
perecido en el Gránico.» Alejandro, ebrio, le arrojó una manzana a la cabeza, a lo que
siguió una
discusión en forma
de versos que terminó cuando Alejandro buscó su espada para atacarlo. Según el relato, uno de los guardias la
había ocultado
y Clito fue sacado del lugar por varios amigos. Poco después, sin embargo, volvió a entrar por otra puerta y, mirando
fijamente al conquistador, recitó un verso de Eurípides: «Qué perversa
costumbre han introducido los griegos.» En ese momento, Alejandro arrebató una
lanza a uno de sus guardias y atravesó con ella a Clito, quien se desplomó en
medio del estupor de los presentes. Arrepentido del crimen, pasó 3 días
encerrado en su tienda y algunos relatos afirman que trató de suicidarse.
Encuentro con las Amazonas
Todas las fuentes clásicas coinciden en que existió
un encuentro entre las Amazonas y Alejandro Magno. Las Amazonas fue un pueblo de mujeres
guerreras, cuya deidad principal era Diana, y su mito fundacional el dios
olímpico Ares. Habían consolidado una sociedad matriarcal, en las inmediaciones
del sur del mar Caspio, en Asia.
El historiador Quinto Curcio Ruffo menciona que el
macedonio fue visitado por la reina amazona Talestris, escoltada por una
comitiva de 300 guerreras, cuyo fin fue proponerle engendrar hijos con
Alejandro, para lograr herederas de estirpe guerrera y noble. Plutarco cita al
menos 5 fuentes que comprueban este acontecimiento, con leves diferencias. En
los escritos de Pseudo Calístenes, las cartas que Alejandro envió a Aristóteles
recalcó «la belleza de esas mujeres y su gran fortaleza física». Curcio Ruffo cuenta que Alejandro ante
tal propuesta «no opuso demasiada resistencia». Permanecieron encerrados 13 días y trece noches.
Es sabido que Alejandro promovía la fusión de
culturas y etnias a través de uniones y matrimonios mixtos, manteniendo la idea
de abolir toda diferencia entre conquistadores y conquistados. Este tipo de
eventos y ritos místicos-sexuales aparentemente eran comunes en la Antigüedad,
como narró Calístenes, y que puso en duda la paternidad de Filipo, la unión de
su madre Olimpia con Nectanebo -rey egipcio y supuesto padre biológico- para
engendrar un hijo que liberaría ambos reinos.
Boda con Roxana
Después de todas estas exóticas experiencias, siguió
la ruta trazada para perseguir a Bessos, internándose en zonas que oscilaban
entre desiertos y montañas. Hasta que llegó a Sogdiana y Bactriana, donde entabló una relación
de confianza con el sátrapa
persa Artabazo II, cuya hija, la princesa Roxana, con quien Alejandro se casó, sería
su compañía a partir de ahí
en las campañas sucesivas.
En los escritos de Calístenes se narra que en un
oasis en medio de la expedición, Alejandro avistó piedras preciosas en las
cristalinas aguas. Después de
que unos soldados se metiesen al agua y fueran «devorados al instante por bestias acuáticas»,
planificó una de jaula anfibia, con tubos hechas con tripas de animales para
respirar, para sumergirse él mismo y rescatarlas.
Rebeliones
Finalmente, Bessos, el asesino del rey Darío, es
arrestado por sus propios cortesanos, y entregado vivo a Ptolomeo, general y
amigo de Alejandro (y futuro regente de Egipto). Es ejecutado, dando
supuestamente por terminada la persecución. Alejandro dio aviso inmediatamente
a la familia de Darío, que su asesinato estaba vengado.
Muerte
El 11 de junio del 323 a. C. (10 de junio, según
algunos autores), Alejandro murió en el palacio de Nabucodonosor II de
Babilonia. Le faltaba poco más de un mes para cumplir los 33 años de edad.
Existen varias teorías sobre la causa de su muerte, que incluyen envenenamiento
por parte de los hijos de Antípatro (Casandro y Yolas, siendo este último
copero de Alejandro) u otros sospechosos; enfermedad (se sugiere que pudo ser
la fiebre del Nilo), o una recaída
de la malaria que contrajo en el 336 a. C. Se sabe que el 2 de junio Alejandro
participó en un banquete organizado por su amigo Medio de Larisa. Tras beber
copiosamente, inmediatamente antes o después de su baño, lo metieron en la cama
por encontrarse gravemente enfermo. Los rumores de su enfermedad circulaban
entre las tropas, que se pusieron cada vez más nerviosas. El 12 de junio, los
generales decidieron dejar pasar a los soldados para que vieran a su rey vivo
por última vez, de uno en uno.
Plutarco hace referencia respecto a su última semana
con vida, en la que se internaba en extensos baños de inmersión para curarse y
sacrificar a los dioses, lo que sugiere la práctica de la hidroterapia, muy común entre los griegos.
Causas
La teoría del envenenamiento deriva de la historia
que sostenían en la antigüedad Justino y Curcio. Según ellos, Casandro, hijo de
Antípatro, regente de Grecia, transportó el veneno a Babilonia con una mula, y el copero real de Alejandro, Yolas,
hermano de Casandro y amante de Medio de Larisa, se lo administró. Muchos tenían razones de peso para deshacerse de
Alejandro. Las sustancias mortales que podrían haber matado a Alejandro en una
o más dosis incluyen el eléboro y la estricnina. Según el historiador Robin
Lane Fox, el argumento más fuerte contra la teoría del envenenamiento es el
hecho de que pasaron doce días entre el comienzo de la enfermedad y su muerte y
en el mundo antiguo no había, con casi toda probabilidad, venenos que tuvieran
efectos de tan larga duración.
Una de la hipótesis posibles es que sufrió una pancreatitis
aguda, ya que los síntomas que sufrió, según explican los autores clásicos,
encajan con los propios de esa enfermedad.
En 1865 el médico francés Émile Littré publicó el
libro La Verité sur la mort d'Alexandre le Grand en el que basándose en el
diario del secretario del rey concluyó que había muerto a causa de un mal
tratamiento de una crisis de paludismo. En 2018 la doctora Katherine Hall, de
la Universidad de Otago (Nueva Zelanda), afirmó que Alejandro habría muerto a
causa del síndrome de Guillain-Barré, una enfermedad autoinmune cuyos síntomas
son: fiebre alta, gran fatiga, dolores abdominales y parálisis de los miembros.
Añadió que pudo ser embalsamado vivo porque sus médicos lo habrían creído
muerto sin tomarle el pulso al paciente.
Las disputas sucesorias
Alejandro no tenía ningún heredero legítimo. Su medio
hermano Filipo Arrideo era deficiente, su hijo Alejandro nacería tras su
muerte, y su otro hijo Heracles, cuya paternidad está cuestionada, era de una
concubina.
Debido a ello la cuestión
sucesoria era de vital importancia.
Tragedia familiar
Todos sus familiares y herederos, tanto su madre
Olimpia, su esposa Roxana, su hijo Alejandro, su amante Barsine y su hijo
Heracles, fueron mandados asesinar por Casandro, lo que llevó a la extinción de
la dinastía Argéada.
Para más información consulta la fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Alejandro_Magno


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